Hablemos del candidato a la presidencia de Colombia Abelardo Gabriel De la Espriella Otero que se presenta como un outsider pero que salió a la campaña presidencial por sugerencia de A. Uribe Vélez y cuya foto de lanzamiento de campaña en redes fue con el susodicho “Matarife”. Él, que se dice independiente, se presenta precisamente, como el Uribe del 2002 y se afirma más uribista que Tomás y Jerónimo, hijos del “señor de las sombras”, como titula la biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez escrita por Joseph Contreras y Fernando Garavito. Consultado su historial, el de Abelardo de la Espriella, como se puede corroborar en las fuentes referenciadas al final de este artículo, dan cuenta de un personaje que, en vez de extrema coherencia, revela un radical histrionismo y una peligrosa insensatez. Repasemos algunos puntos de su dudosa trayectoria y de la falta de idoneidad ética para representar y administrar a un país que requiere más humanidad y menos bala:
29 may 2026
11 mar 2026
De la democracia con arroz con pollo o cuando la maquinaria falla
Por Baltasar Votoseco
Sin sede, sin tarjetas de pastel con el logo y número del candidato, sin microperforados pegados en cada carro o bus que pasara por el pueblo. Sin afiches en tiendas, ni pendones en balcones, ni vallas dominando las entradas u otros paisajes visibles del municipio para mostrar quién tiene más plata para meter en propaganda. Sin pasacalles cruzando las calles como recordatorio permanente de quién manda en la política local. Sin nada de ese folclor electoral que suele confundirse con campaña, el Pacto Histórico terminó convertido en la segunda fuerza más votada en un municipio históricamente conservador como Girardota. Y, para mayor incomodidad del establecimiento político regional, el fenómeno se repitió en varios municipios de Antioquia.
6 feb 2026
¿Godos liberales y liberales azules? El caso paradójico del Centro Democrático y su renacer repentino en Girardota
Redacción Chimenea
El antecedente: una distinción borrosa
Fue el coronel Aureliano Buendía quien sostuvo que la única diferencia entre liberales y conservadores consistía en que los primeros iban a misa de cinco y los segundos a misa de ocho. En Girardota, parece que esa diferencia ni siquiera existe.
En este municipio, los partidos Liberal y Conservador han sido históricamente las fuerzas con mayor predominio local, una afirmación válida incluso cuando su connotación excede los marcos legales formales. Se trata de una hegemonía interpretada bajo los esquemas mentales de dirigentes que, aunque buscan avales bajo fachadas partidistas diversas, operan con lógicas tradicionales. El resultado es una inversión curiosa: aquí, los conservadores suelen ser los políticos más “liberales” en la práctica, y los liberales los más “conservadores” en esencia.

