27 ene. 2015

Reflexión

Vereda El Barro. Por H. M.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Quien puede informarme cual es el valor de una de las vallas de esas que están en el parque o en la entrada del pueblo, ¿será que no hay prioridades mas necesarias en lo social?, esos derroches de dinero en publicidad asistencialista, si son de un buen gobernador, eso le pregunto a un idolatró de Ortiz.

Anónimo dijo...

ASI es... alcalde corrupto... reciviste ayudas de quien hoy esta extaditado y vivia en nuestro pueblo y hoy ya no puedes hacer nada en contra de lo usted mismo permitio...FUERA.FUERA.FUERA...

Anónimo dijo...

personalmente como usuario de este blog me astendre temporalmente de leer los anonimos de los usuarios, por unos 10 dias, hasta que se calmen los animos no me gusta el tema de la muerte independientemente de los motivos, claro esta respetando a los que les guste

Anónimo dijo...

Amo y respeto “ La Libre Expresión” pero deploro "La Mala Expresión" por favor anonimo anterior sus rencores con un difunto es como cobrarle una deuda...... Ud. sabe que solo podra reclamarle en el mas allá por lo pronto le recomiendo que se calme recuerde que el que escupe para arriba......

Anónimo dijo...

Un hombre de prensa puede escribir mejor o peor, puede trabajar en un medio más grande o más pequeño, producir muchas o pocas notas periodísticas. Es indistinto.
Lo que un periodista jamás debe perder es su honestidad. Ese es el valor que hace a su verdadera esencia profesional. Lo demás se puede aprender, más temprano o más tarde.
En las últimas décadas, los medios se han transformado en un factor de poder real, muchas veces utilizado para hacer operaciones de prensa a su propio favor.
Los periodistas que se acoplaron al fenómeno, vendieron su prestigio a los mismos intereses, en general por unas pocas monedas.
Pronto, esos conglomerados fueron involucrándose en cuestiones extra periodísticas y buscaron meterse en rentables negocios públicos y privados. En ese punto, comenzaron a mezclarse los tantos y los empresarios usaron el poder de sus medios para conseguir más rentabilidad en sus propios negocios.
No hubo límite al respecto. Si había que presionar a algún funcionario a través de una nota periodística lesiva, esto se hacía sin miramiento alguno. Si había que denunciar a alguien que pudiera poner trabas a los intereses de los empresarios, también se hacía, aunque no hubiera pruebas de la imputación.
Para llevarlo a cabo siempre hubo periodistas dispuestos a hacer la tarea sucia; mercenarios y carroñeros que prefirieron privilegiar sus bolsillos a dignificar la tarea para la que fueron preparados.
Ello conspiró contra los intereses de la sociedad, que de un día para otro comenzó a sufrir el síndrome de la desinformación. Lenta, pero firmemente, los medios comenzaron a dejar de coincidir con las preocupaciones ciudadanas.
Mientras el desempleo, la inseguridad y la corrupción comenzaron a ser parte de la inquietud social, los medios impusieron a través de sus portadas sus propios intereses.

No se trata de una cuestión ideológica; mucho menos política. No tiene que ver tampoco con que los medios sean oficialistas o anti oficialistas. Es solo un tema de intereses privados.

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