11 nov. 2014

Aquí nadie dice nada



La realidad muchas veces tiene tintes de tragedia griega. La historia de Encenillos, una vereda del municipio de Girardota, podría ser muestra de ello. Por Estefanía Carvajal y Yéssica Petro Escobar.  De  La Urbe, oct. 2014.

Estefanía Carvajal Restrepo

Estefanía Carvajal Restrepo
lacocinadeolivia@gamil.com
Yéssica Petro Escobar
yespetroescobar@gmail.com
- See more at: http://delaurbe.udea.edu.co/2014/11/09/aqui-nadie-dice-nada/#sthash.wJI5nUvP.dpuf
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ACTO PRIMERO
Personajes

Luis Ángel Bustamante: hombre de 75 años, fuerte para su edad, los años no han logrado doblegarlo. Curandero del que lo necesite; don otorgado “por la mismísima Virgen del Carmen”. Protector de su pueblo y familia. Amable y cariñoso. El amigo de todos, incluso de paramilitares y guerrilleros, aunque fuera sólo por salvar su vida.

Polo Bustamante: trigueño, de unos 50 años, de voz suave, estatura promedio, pero con manos fuertes de tanto revolver las mezclas para la panela. Sin nombre, sólo es uno más de los Polos, de Encenillos, la familia panelera. Ojos rojos de cansancio, después de tres días sin dormir por estar moliendo en el trapiche.

Doralba: la mujer de la tienda, es trigueña y robusta, de unos 45 años. Extrovertida y amable con los extraños hasta que le preguntan por sus muertos.

Ligia de Hoyos: los ojos azules resaltan en su rostro que, a pesar de las arrugas a sus 72 años, reflejan lo hermosa que fue, una joven que seguro cautivó a alguien más que a don Horacio, su marido. Activa, sonriente y encantadora. Mamá de nueve hijos, uno murió y como buena habitante de Encenillos no hablará nunca sobre él. Si algún día intentara hacerlo, su hija la detendría.

Lorena Hoyos: soltera y a la orden. A sus 40 años vive con su madre Ligia y su padre Horacio. Es celosa y reservada.

Yurladys Henao: piel tersa y morena, ojos grandes y tímidos, 17 años. Cursa el grado undécimo en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen. Sus compañeros la llaman “La Chula”. Aunque habla poco, sus palabras brotan cuando tocan el papel.

Muchacho y Muchacha: estudiantes del grado undécimo en la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen, de la vereda Encenillos. Sin ningún miedo, escriben sus memorias durante un taller realizado en la Institución en 2013.

ACTO ÚNICO
(Colombia. Antioquia. Valle de Aburrá. Al Norte, en el municipio de Girardota, hay una vereda, a media hora del pueblo, que se niega a recordar. Se llama Encenillos, como los árboles nativos de los Andes colombianos, pero de esos no queda ni uno; caña y café es lo que hay. Los personajes, que tantas veces se han encontrado por los caminos de herradura, son todos vecinos de la vereda. Luis Ángel en su casa, Ligia y Lorena junto al café que se seca al sol, El Polo en el trapiche, Doralba en la tienda, Yurladys y los niños en la escuela; cada loco con su cuento. Las cronistas decidieron contar la historia como si fuera una obra de teatro, en la que los personajes dialogan y al fondo resuenan las voces de un coro, que bien podría llamarse el sentido común de la gente de Encenillos. Ante el silencio de los pobladores, se enciende la dramaturgia).

Luis Ángel: (Sentado en una banca azul, grande y vieja. Sostiene un cigarrillo en su mano derecha). Si sigue con dolor de cabeza, yo le puedo hacer un rezo. A los enfermos los rezo aquí en mi cama, donde tengo un altar con todos los santicos. Perdone, yo no me afamo, pero aquí viene gente de todas partes a que yo la rece. Mi mujer y yo dividimos la cama en dos porque ella decía que estaba profanando el lecho, entonces la mitad de ella es pa’ dormir y mi mitad pa’ atender a mis enfermos. ¡A treintaiún paracos les hice recitos en el altar! Y perdone, no es que me afame, pero vivir por aquí era duro. Vivir en Encenillos era una cosa horrible.

Coro:
¿Aquí? ¿En Encenillos? Aquí no pasó nada sino el viento soplando las flores de la caña.
Luis Ángel: Cuando se fueron los paramilitares, en el 2004, eran casi 400. Tenían casas por todas partes. Pero años atrás estuvo la guerrilla. Las Farc, el Frente 34. Al principio llegaron tres o cuatro milicianos diciendo que iban a cuidar a los campesinos. Entraron por la parte de arriba: por Guarne y por San Vicente que limitan con la vereda El Palmar, de Girardota. De eso hace como 28 años.

Coro:
¡De eso ya ni nos acordamos!

Polo Bustamante: (Con una pala de madera revuelve la mezcla pegajosa de la panela, que aún no está lista para moldear). Uno tiene que aprender a vivir con el vecino que le toque.

Luis Ángel: La guerrilla nos pedía comida y extorsionaba a los ricos, pero con los campesinos no se metía.

Polo Bustamante: Cualquier mano armada es una mala mano.

Luis Ángel: Y es que la guerrilla hizo cosas muy malas. A don León Londoño, dueño del trapiche del Venado, le pidieron 20 millones de pesos. En 1995 eso era mucha plata, ¡y él de dónde! Entonces los delató con las autoridades y armaron un operativo militar. La guerrilla había quedado de ir al trapiche por la plata un 23 de octubre a las 10 de la mañana, cuando se encendieron a bala. En ese entonces los mayordomos eran don Horacio y doña Ligia.

Doralba: (Recostada frente al mostrador de su tienda, organiza los dulces una y otra vez). A ellos les mataron al hijo; eso dicen las malas lenguas.

Coro:
(Susurrando). Las malas lenguas. Las malas lenguas. Las malas. Lenguas. Leeenguaaaas.

Lorena: (Vestida toda como una rosa. Con la mirada hacia el suelo). Y eso dolió muy hondo. Yo quedé como paralizada por varios meses. ¡Que le maten a uno el hermanito chiquito! Pero yo a un extraño no le digo nada.

Coro:
Ni a un extraño ni a un conocido. Aquí nadie dice nada.

Ligia: (Parada, recostada en la puerta que da entrada a su casa). Luvín tenía 20 años y era el niño de la casa.

Luis Ángel: Y en el combate también cayeron cuatro guerrilleros: dos mujeres y dos hombres. Al otro día, por la noche, la guerrilla vengó la muerte de los milicianos y dinamitó el trapiche del Venado. También volaron una molienda por Platanito. Volaron las dos máquinas y eso quedó vuelto nada.

Ligia: Un mes después de que Horacio y yo nos casáramos fue la primera molienda en el Venado. Tenemos 54 años de casados, 8 hijos vivos y 5 nietos, pero el trapiche nunca lo volvieron a construir.

Polo Bustamante: Yo soy uno de los Polos y a nuestro trapiche nunca le pasó nada. Aprendimos a mantener la boca cerrada.

Luis Ángel: Es que son muy tapados. No hablan porque tienen miedo y porque son egoístas. No saben que ya no hay nada que temer y prefieren ocultar lo que pasó.

Coro:
Pero si aquí no pasó nada; no pasa nunca nada. Medimos los días porque cada hora pasa el carro que baja al pueblo con niños montados en el capacete. Medimos el tiempo por las noches de molienda, dos o tres a la semana, en las que los maridos se van de la casa al trapiche y hay que ir a llevarles la comida en una coca de plástico. Medimos los meses por el tiempo que demora la caña en crecer y los años por el café maduro que brota de los chamizos.

Doralba: Yo nací y crecí en Encenillos, pero de violencia no, yo no sé nada. Brotaron por ahí hace unos años unas cruces blancas, unos calvarios. ¿Quién los puso? ¿Para qué?

Coro:
¿Calvarios? Hay calvarios, pero no sé dónde ni de quién. Mataron a mi vecino de una forma macabra, pero no recuerdo nada. Quemaron el trapiche, pero no sé dónde. Hicimos un pacto de silencio para que no se nos escape la cordura, para que de nuestros muertos no sepa nadie, para que los fantasmas sigan siendo historias que les contamos a nuestros niños antes de dormir, para que los fantasmas no tengan nombre ni culpable.

Luis Ángel: Por aquí hay muchos fantasmas. Yo rezo mi casa y la de mi hija Ángela y les digo: “Váyanse de aquí, aquí no hay nada que hacer”. Perdone, yo no me afamo, pero yo les tengo más miedo a los vivos que a los muertos. Mi hermano José Dolores, que era muy político, también está muerto. Lo mató la guerrilla el día de las elecciones donde quedó Pastrana porque trajo un carro para que la gente bajara a votar. Lo mataron a él e incendiaron el carro. La policía no vino a hacer el levantamiento; lo tuvimos que bajar en una camilla hasta Cabildo. Aquí no venía nadie. Nadie. Y perdone, no es que me afame, pero vivir por aquí era duro. Vivir en Encenillos era una cosa dura.

Coro:
De eso ya no nos acordamos.

Luis Ángel: Pero si la guerrilla fue mala, los paramilitares fueron peores.

Muchacho: (Escribe con su lápiz desgatado apoyando su cuaderno en el piso). Hace 11 años, en mi vereda existía un grupo armado al que la gente temía y no salía a trabajar porque tenían miedo de pisar una mina. Yo tenía seis años, casi todas las noches escuchaba tiros. Yo les preguntaba a mi papá y a mi mamá ¿qué es eso?, ellos me decían que estaba lloviendo para tranquilizarme. Cuando iba al colegio subía el Ejército en jaulas y hacían campamentos, se alistaban para la batalla. Aparecían muertos en diferentes veredas, los tiraban a los caños y por los ríos donde la sangre chorreaba con el agua.​​​​

Luis Ángel: Llegaron diciendo que eran las Autodefensas Unidas de Colombia y que estaban aquí para proteger a los campesinos. Y que al que se pusiera de sapo y de bocón se las vería con ellos.
Muchacha: (Escribe encima del pupitre de espaldas al tablero). Ellos se tomaron varias veredas y lograron sembrar el miedo. Bombas, balas y tristeza en los rostros de la gente. Por ese tiempo solo se pensaba en huir de la violencia. Aquellos hombres, que algún día llegaron prometiendo una mejor vereda, se habían convertido en los culpables de que mucha gente no deseara volver jamás.

Coro:
A Sergio Ospina lo llamaron, le dijeron que necesitaban hablar con él. Subió en el mismo carro en el que le hacía favores a la guerrilla, lo encadenaron al volco y lo arrastraron vivo por toda la vereda. Sus gritos aún se escuchan. Los lamentos de Sergio hacen más bulla que los de La Llorona.
Luis Ángel: No solo mataban a la gente de por acá. También traían a gente de otras partes para matarlos. Por aquí, entre tanta caña y tanto café, deben estar enterrados muchos cadáveres.

Coro:
Aquella casa, esa que se ve allá. La grande de paredes amarillas. La bonita en la que todos quieren vivir, ya tiene habitantes. Aquellos que no eran de acá. Esos que todavía ocupan un lugar en esa casa, que no quieren salir. Te harían pasar por sus mismas penumbras. Escucharías sus súplicas, sus gritos de dolor, sus gritos de venganza. Nada extraño que de tanto muerto esa casa esté embrujada.

Luis Ángel: Los paras se tomaron la casa de las palmas y ahí llevaban a mucha gente para ajusticiarla. Donde mi hija, la viuda, se mantenían siempre diez, quince paras. Yo estoy seguro de que allá hay dos cadáveres, pero no he podido encontrarlos. Y también aquí a la casa venían los paracos y yo era cagado del susto, pero me tocaba atenderlos y tomar aguardiente con ellos.

Coro:
El deber del buen vecino. El deber del buen cristiano. Calle y agache la cabeza y rece cien avemarías para que no lo maten.

Luis Ángel: Si yo estoy vivo es porque me quedé callado y los santos están conmigo. En cambio Rafael Ospina mandó a su mujer Luzmila Carmona a la Fiscalía a denunciar la muerte de su hijo Sergio, el que arrastraron los paras por toda la vereda. Debió haber ido él mismo y no mandar a su mujer.

Coro:
Su marido no estuvo con ella, huyó y se partió los dientes, mientras ella recibía cinco tiros en la cara. ¡Pobre mujer! Denunció y pagó. Con ellos no se juega. Con ellos uno no se mete.

Yurladys: (Su abuelo la mira disgustado mientras ella escribe en el comedor de la casa). El día 20 de octubre de 2002 nosotras dos nos fuimos para Medellín a pedir protección a la Fiscalía en el piso cuatro del edificio José Félix de Bedout. Una persona de la Fiscalía nos dijo “Aquí no es. Esperen un momento yo llamo a la Sijín”. Al momento llegó y nos dijo: “Váyanse para allá, el señor Alcalá los espera”. Llegamos a la portería de la Sijín y lo llamaron. Un señor moreno, alto, cojo de un pie, nos dijo: “Vámonos para la oficina mía”. Llegamos a la oficina y nos preguntó: “¿Ustedes son de Girardota?”. Contestamos “Sí, señor”. Y le preguntó a mi mamita: “¿Qué les pasó a ustedes?”. Y le contestó Luzmila, mi mamita: “Es que mataron a mi hijo y están diciendo que van a acabar con nosotros”. El señor le preguntó a Luzmila: “¿Qué sabe usted de ellos?”, o sea, de los paracos. “Lo que yo sé es que uno de ellos, que llaman ‘El Pájaro’, llega a El Yarumo a llevar cosas que no conozco”.

Coro:
Pobre Luzmila, pobre ingenua. Como si no supiera que la policía y los paracos andan como novios cogidos de la mano.

Yurladys: El señor Alcalá cogió el radioteléfono, llamó y dijo: “Aquí hay una señora que vive más abajo de El Yarumo y se llama Luzmila Carmona”, e hizo otras preguntas que no escuché bien. El señor llamó nuevamente por radioteléfono y dijo: “Esta señora sabe mucho. ¿Qué hacemos con ella?”. Volvió donde nosotros y sacó una hoja de papel con el logotipo de la Sijín. Le dijo: “Firme aquí que ya hablé con mi jefe y le van a dar protección. Nosotros vamos para la casa”. El día 23 de octubre de 2002, a eso de las 3:20 de la tarde, llegaron dos hombres que no conocíamos a la casa mía. Se sentaron en el patio de mi casa y preguntaron: “¿Cómo se llama la señora de la casa?”. Y mi papito contestó: “Se llama Luzmila Carmona”. Luego sacaron un papel con el logotipo de la Sijín. Mi papito vio la firma de mi mamita en ese papel y era el mismo papel que había firmado en Medellín. Y dijo uno de ellos: “Ya vinimos, dígale que salga”. Mi mamita salió al patio. “¿Cómo se llama?”. Y mi mamita contestó: “Me llamo Luzmila”. A mi papito le dijeron: “No se mueva. No coja ese machete que tiene ahí”. Uno de ellos sacó un revólver y le pegó el primer tiro en la cara y otro en la boca. Mi mamita se volteó y le dieron tres tiros en la espalda. Cuando mi papito vio que sacaban el revólver se tiró por el cafetal y se reventó la dentadura. A los 10 minutos, mi papito volvió al patio cuando mi mamita se estaba muriendo. Al otro día, le dijeron que la habían mandado a matar porque ella sabía mucho de los paracos del Bloque Cacique Nutibara.

Coro:
Madre e hijo ahora son una cruz. Una cruz en medio de los cañaduzales, con un nombre y una fecha y piedras redondas en la base para que al muerto le pese más la muerte y no intente siquiera escapar.

Muchacha: Ellos hacen parte de los muertos que protege Encenillos con su silencio.
Muchacho: Ellos son un calvario.

Coro: Un calvario como el monte donde mataron a Cristo.

Luis Ángel: Calvarios no volvieron a poner desde hace como 15 años.

Coro:
¡Si no estaría la vereda llena de cruces! Solo unos cuantos calvarios nos quedan de nuestros muertos porque su memoria la molimos junto a la caña y la hicimos panela dulce e innombrable.
Luis Ángel: Ahora vivimos en la gloria.

CAE EL TELÓN







3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?
Ps 33:19 Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en el hambre.
Ps 44:19 Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, Y nos cubriste con sombra de muerte,
Ps 48:14 Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: El nos capitaneará hasta la muerte.
Ps 49:14 Como rebaños serán puestos en la sepultura; La muerte se cebará en ellos; Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana: Y se consumirá su bien parecer en el sepulcro de su morada.
Ps 55:4 Mi corazón está doloroso dentro de mí, Y terrores de muerte sobre mí han caído.
Ps 55:15 Condenados sean á muerte, Desciendan vivos al infierno: Porque maldades hay en su compañía, entre ellos.
Ps 56:13 Porque has librado mi vida de la muerte, Y mis pies de caída, Para que ande delante de Dios En la luz de los que viven.
Ps 68:20 Dios, nuestro Dios ha de salvarnos; Y de Dios Jehová es el librar de la muerte.
Ps 73:4 Porque no hay ataduras para su muerte; Antes su fortaleza está entera.
Ps 78:50 Dispuso el camino á su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida á la mortandad.
Ps 79:11 Entre ante tu acatamiento el gemido de los presos: Conforme á la grandeza de tu brazo preserva á los sentenciados á muerte.
Ps 89:48 ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librarás su vida del poder del sepulcro? (Selah.)
Ps 102:20 Para oir el gemido de los presos, Para soltar á los sentenciados á muerte;
Ps 107:10 Los que moraban en tinieblas y sombra de muerte, Aprisionados en aflicción y en hierros;
Ps 107:14 Sacólos de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones.
Ps 107:18 Su alma abominó toda vianda, Y llegaron hasta las puertas de la muerte.

Anónimo dijo...

SEÑORES EL PERIÓDICO OFICIAL DE LA ALCALDÍA " TU PERIODICO" HA CAMBIADO DE EDITOR Y COMO CONSECUENCIA DE ESTE CAMBIO AQUÍ VAN LOS NUEVOS TITULARES:
* EL ALCALDE SIENTE VERGÜENZA POR LA HORRIBLE CALIFICACIÓN EN LOS ENTES DEL ESTADO.
* CABILDO ABIERTO PROPUESTO POR LA ADMON MUNICIPAL PARA ACLARAR LO DE LA TERMOELÉCTRICA.
* CON EL DINERO DE LOS MERCADOS SE FINANCIARAN PROYECTOS PRODUCTIVOS.
* EL ALCALDE NOMBRA PARA LA SECRETARIA DE AGRICULTURA UN FUNCIONARIO HUMILDE Y COMPETENTE.
* EDIER SUAZA HABLA DE LOS TIROS EN EL JUVENCLUB.
* CAMPAÑAS PARA NO QUEMAR POLVORA EN NAVIDAD REALIZAN FUNCIONARIOS DE LA SECRETARIA DE TRANSITO ( que publican fotos prendiendo voladores)
* EL VALOR REAL DE LA OBRA AMPLIACION DEL PALACIO MUNICIPAL
* EL AVAL DEL ALCALDE ES PARA ? ver pag 24.
* GIRARDOTA F.C CLASIFICA A LA FINAL DEL PONY Y SE QUEJA DEL POCO APOYO DE LA ADMON MPAL.
* CICLO RADES OBTIENE LOGROS Y SE QUEJA DE LA ADMON MPAL.
* EL INDER EN MANOS DE PERSONAS SIN FORMACION.
* CANDIDATA DEL OFICIALISMO, ESPOSA DEL CONCEJAL URIBE, LE GUSTA LA PUBLICACION DE KEVIN BERNAL DICIENDOLE MENTIROSOS A LOS DE LA ADMON MUNICIPAL.
* ADIVINANZAS:
CUAL FUE EL VALOR DEL ARRIENDO DE LA PISTA DE PATINAJE EN EL 2012 ?
CUANTO VALEN LAS FIESTAS?
* LA VERDADERA RAZON DE LA PELEA ENTRE ORTIZ Y AGUDELO.

Anónimo dijo...

anónimo anterior hoy no es 28 de diciembre, día de los inocentes

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