26 mar 2012

El adjetivo MAL-

TRES MINUTOS CON EL IDIOMA
Por Nelo Solo

Cita 1: “Eso podría haber provocado entre los malquerientes del exdirector Rodrigo Fernández un enorme malestar…”.
Ospina, Luis Fernando. “De buena fuente”. El Colombiano. Medellín, 5 de febrero de 2012, p. 2a.

Cita 2: “Por docenas han muerto. A algunos les ayudamos a mal morir […] Don Rufo, dueño del único café, malduerme contra el mostrador […] ‘El Gitano’ me nombran, por mal mentao”.
Mejía Vallejo, Manuel. “Palo Caído”, en Cuentos de zona tórrida. Bogotá, Procultura, 1986, pp. 13-20.


Cuando el adjetivo mal determina a un verbo o a un sustantivo pierde su carácter adjetival y se convierte inmediatamente en sustantivo o en algunos casos en verbo (como en malgastar, maldecir o malversar). Al dejar de ser adjetivo pierde también la posibilidad de escribirse separado y de pluralizarse. En la cita de Ospina no se hubiera podido escribir ‘el mal queriente’ ni ‘el mal estar’ y menos ‘los malos querientes’ ni ‘los malos estares’.

Los diccionarios están llenos de términos formados con el adjetivo mal. Uno de ellos es ‘malentendido’ (adjetivo + participio), con el significado de equívoco y mala interpretación. Los diccionarios no dan los plurales de los nombres o sustantivos; si lo hicieran, habría aparecido ‘malentendidos’: equívocos, malas interpretaciones (el malentendido, como se sabe, es imputable al receptor a diferencia del sobrentendido que lo es al emisor). Otros términos que dan los diccionarios es el chilenismo ‘malura’, malestar, y el colombianismo ‘maluquera’, indisposición (con su campo semántico ‘maluco’, que no se halla bien de salud y ‘maluquearse’, indisponerse o desmayarse por debilidad); luego vienen sustantivos plenos no menos interesantes, como maloso, maleante, malandro, malevo y malechor.   

El cuento “Palo Caído” de Manuel Mejía Vallejo sorprende por el uso prolijo del término mal, con casi todas la funciones sintácticas. El efecto de sentido de “mal morir” no surge del adjetivo mal, sino de su antónimo ‘buen morir’, lo usual en el idioma; el sentido de “malduerme” es la conversión del adjetivo en verbo, para remplazar al adverbio ‘duerme incómodamente’, no muy poético; y el sentido de “mal mentao” puede ser una ampliación de los adjetivos ‘odiado’ e ‘indeseado’, injustamente asignados a los gitanos.

Algunas canciones populares incorporan la construcción mal + verbo, mal + participio y mal + sustantivo. De las dos primeras da cuenta Javier Solís, en El malquerido: “Pobre de mí, porque al quererla, me malquería / Soy malquerido, por la mujer, que yo más quiero / Y esa mujer vive conmigo, queriendo a otro […] Soy malquerido, pero dejarla, por Dios no puedo / Ay qué agonía, pobre de mí, ser malquerido”. La tercera se escucha en la canción igualmente mexicana Consejos de una madre: “En las cantinas se da lo peor del mundo / Decía una pobre madre a su hijo malviviente / Aunque rodeado te encuentres de placeres / El vino y las mujeres, serán para perderte”.

A mí me suenan innovadores los sustantivos ‘malqueriente’, ‘malviviente’ y ‘malpensante’, derivaciones de mal + verbo + -nte: queriente, viviente y pensante, derivados de los infinitivos querer, vivir y pensar, respectivamente. La revista El Malpensante es una de las pocas en Colombia donde se puede encontrar, nítida, la esencia de lo que la psicología cognitiva llama pensamiento divergente = pensar diferente. También me gusta el Judío Errante, a quien aún no he conocido.